YEMAYA YA NO PODÍA RENEGAR MÁS.

Apataki de Obara-idi

Yemaya ya no podía renegar más.
Por este camino fue donde cierta vez Yemaya estaba atravesando una mala situación y fue donde estaba Orunla, el que la miró y le vio este Ifa. Orunla le dijo: Si quieres salir airosa de los problemas que se te van a presentar, no puedes renegar ni, protestar, y le marcó Ebo.
Yemaya hizo lo indicado por Orunla, y cuando salió de casa de éste, ya iba advertida, toda vez que durante su camino tendría tropiezos, pero sin poder protestar por ellos.
Iba caminando Yemaya por un sendero que conducía a un monte, cuando a la entrada de éste se encuentra con un muchacho que dice: Mi madre, ayúdame con esta canasta, que no puedo, El muchacho era Eshu disfrazado, que al querer subir la canasta, se la echó encima. Yemaya, a pesar de tener un solo vestido, no dijo nada por las manchas de este Ebo que el joven había provocado. Siguió su camino, y a poco de andar, se encontró a un señor apoyado en un bastón. El hombre le pidió ayuda para levantar un saco, y Yemaya al hacerlo se le viró el contenido encima. Al hacerlo, Eshu, pues no era otro que él, salió corriendo, pero Yemaya recordó las palabras de Orunla y tampoco nada dijo.
Ya estaba cansada de caminar, cuando se encontró a la entrada de un claro del bosque, y cual no seria su sorpresa, al ver, a poca distancia de allí, una ciudad muy linda, con bellos edificios. Llegó a las puertas de un enorme palacio y quiso entrar, pero los guardias de palacio se lo impidieron cruzando sus lanzas.
Al ocurrir esto, Yemaya se sentó allí misma y se echó a llorar, pensando que sus todos sacrificios eran en vano; y llorando se quedó dormida. Al despertar, notó que no había nadie por allí en ese momento, debido al cambio de la guardia, por lo que se decidió a entrar.
Quedó maravillada al ver tanta belleza. Caminó por uno de los pasillos centrales del palacio. Llegó a un salón grande en los momentos en que el soberano de aquel reino y guía de los pueblos vecinos estaba reunido con los jefes de otras tierras colindantes.
Al sentir sus pasos el soberano vuelve la cabeza y la ve, poniéndose de pie y fue a su encuentro, poniéndose de rodillas cuando llegó junto a ella, y le dijo: Madre, dame la bendición, y de recibirla le pidió se arrodillase ella, y ante el asombro de todos se quitó la corona y se la puso a ella. Todos se quedaron asombrados al ver esto, fueron delante de Yemaya y le rindieron Moforibale igualmente.
Desde aquel día fue considerada la reina de aquellos dominios, y como allí el rey no se levanta ni para caminar, fue paseada a hombros delante de sus súbditos y conocida en todos los lugares.
Este Pataki aplica también a Otrupo Bekonwao.