HABER NACIDO HÁBIL PARA TODO, LO LLEVA LEJOS A UNO

Apataki de Ogbe-ose

Dos Babalawos interpretaron Ifa para un cazador sin dinero, que no tenía con que comer. Ogbe She apareció, y requirió un sacrificio de: Dos chivas, dos gallinas, diez Cauris. Y se hizo este sacrificio.
El cazador volvió a la caza, y vio desde lo alto de un árbol unos antílopes grandes Afyaku. Sus cuernos eran de cinco, diez, quince, dieciséis espirales. Estaban en un hueco grande en la tierra. Ellos invocaron a la tierra pronunciando palabras mágicas, y la tierra se abrió. Después de abrirse la tierra se cerró de nuevo.
Cuando volvieron, y le hablaron de nuevo a la tierra, esta se abrió de nuevo.
Ahora el cazador siempre estaba emboscado en su árbol. Al momento cuando iba a dispararles a los antílopes, Legba los espanto para que se fueran del hueco; el cazador se dio cuenta de que los antílopes, antes de entrar o de salir de tierra, pronunciaban una fórmula mágica al dirigirse a la tierra. El cazador descendió de su árbol, y, ve la ausencia de los animales, le hablo a la tierra, como ellos. La tierra obedeció. El cazador, una vez que entró en el hueco, encontró ante él muchos rollos de telas, sacos llenos de dinero y de piedras preciosas.
Sin embargo, Legba lo apuro para que rápidamente tomara los objetos. Haber nacido hábil para todo, lo lleva lejos a uno, tomó todo lo que podía, y volvió a su hogar. Llegó a la casa y presentó como regalo a su esposa un rollo de tela. Su esposa le preguntó:
¿Dónde encontraste esto?
Y la mujer insistió por un mes sin que él le dijera nada.
Los antílopes regresaron a su hueco y notaron, solamente al entrar que cierto número de cambios habían ocurrido, el olor del hombre, la impresión de sus pies y un enredo grande entre los objetos de su agujero: ¿Cómo entraría aquí en nuestra ausencia un hombre?
¿Qué hombre bastante atrevido puede entrar en nuestro hogar?
Un día, en la ausencia de cazador, su esposa puso en su bolsa de caza bastante ceniza, e hizo un agujero pequeño en la bolsa. El marido, ignorante de que la bolsa tenia hueco, fue marcando el camino. El se dirigió al hueco de los antílopes como de costumbre. Su esposa lo siguió con premeditación, gracias a la ceniza. Llegó a su árbol, el cazador se subió. Y la mujer se escondió detrás de unos arbustos.

Un momento después los antílopes, que estaban en su agujero, un rayo cayo a la tierra y estremeció todo. Entonces, el cazador descendió rápidamente del árbol y otro rayo cayo a la tierra, que se abrió. Entró en el agujero, tomo de nuevo bolsas de materiales, sacos llenos de dinero y de piedras preciosas. Entonces salió y se fue con todo aquello.
Entonces la mujer se acercó y un rayo cayo a la tierra, que abrió de nuevo la tierra. También entró, y reunió objetos que le gustaban a su marido.
Pero apenas había terminado, los antílopes volvieron y la sorprendieron. Le preguntaron: ¿Que esta haciendo? - Así que la ataron con unas sogas a un árbol afuera del agujero.
El marido, no hallando a su esposa, Se preguntó: ¿Dónde podría estar?
Sin embargo, el Afyaku había decidido matar a la mujer el quinto día. El marido la buscó por tres días y nada. Enojado, tomó su rifle y volvió al hueco.
Oro toda la mañana; cuando los animales salieron del agujero, aquel que tenia dieciséis espirales, “bailó” con la mujer entre sus cuernos. El cazador vio a su esposa entre los cuernos del antílope y apuntó el animal, y lo mató. Entonces descendió a recoger a su esposa. Y, una vez reunidos, se dio cuenta que ya no la quería más a ella. Es indiscreta y podría traerme muchos fastidios.
Y el cazador adquirió muchas riquezas. Y dejo a su mujer para siempre.