LA CODICIA

Apataki de Oyeku-ogunda

Había una vez una mujer muy pobre, quien tenia un hijo pequeño, ella era tan pobre, que no tenia dinero ni para comprarse una muda de ropa, era tan pobre, que amarraba a su hijo a su espalda con bejucos para cargarlo.
Esta mujer pobre, para poderse mantener, iba al monte a cortar madera, para vender, que se usaba para prender candela para cocinar.
Un día ella fue al monte como hacia usualmente, y ella puso a su hijo bajo un tronco grande de un árbol, para que le diera sombra.
En ese árbol había un Aranran (un pájaro grande) y este cogió al muchacho entre sus patas y lo llevo a lo alto del árbol.
Cuando la pobre mujer acabo de cortar la leña, e hizo un amarre con la leña, ella fue hacia donde había dejado al niño, y no lo pudo encontrar.
Ella busco por doquier, pero no lo pudo encontrar, y ella desconsolada echa a correr hacia las afueras del bosque llorando y gritando. Pero cuando echo a correr, ella mira hacia arriba implorándole a Dios, y vio entonces al pájaro que tenia a su hijo entre sus garras, y ella empezó a cantar así: ARANYAN EIYE IGBO, Igbo, que quiere decir, pájaro del monte y del bosque, de la maleza, devuélveme a mi hijo, aquí te doy mi soga de bejucos, rápido devuélveme mi hijo.
Cuando la mujer joven termina de cantarle al pájaro, el Aranyan, le tiro una bolsa de cuentas de corales.
Ella abrió la jaba, y vio que no estaba su hijo dentro de ella, tiro la jaba y volvió a cantarle lo mismo al pájaro.
El pájaro esta vez le tiro distintas bolsas con distintos valores, ella miro en todos estos tesoros, y no vio a su hijo, y volvió a cantarle por tercera vez.
Cuando hubo de terminar el canto, el pájaro bajo despacio con el muchacho, y se lo deposito suavemente en sus pies.
Ella cogió su hijo, y se lo coloco en su espalda, ella después de hacer esto recogió todas las riquezas que le había tirado el pájaro, y de pobre paso a rica.
Cuando regreso a su casa, ella cogió un puñado de corales, y fue a ofrecerlas a la Iyale del pueblo, cuando la Iyale del pueblo,oyó como ella había conseguido esos corales, no le quiso coger a ella los corales.
Cuando la muchacha se marcha, la Iyale cogió un muchachito de una de las otras esposas, y se lo llevo al monte con ella.
Cuando llego al monte, hizo lo mismo como la otra le había contado, puso al niño en el árbol que ella lo había puesto, y se fue cortar madera.
Cuando hubo de terminar, ella fue hasta donde estaba la madera, y se puso a amarrarla, mientras tanto el pájaro bajo agarro al niño entre sus garras, y con el pico lo mato, y empezó a comérselo.
Cuando ella estuvo lista hizo lo mismo que la otra, y empezó a buscar al niño, y como no lo vio, empezó a mirar hacia el árbol, y cuando vio al pájaro le canto lo mismo que ella le había cantado.
Cuando termino de cantar el pájaro mientras tanto ensucio dentro de jaba, la amarro bien y se la tiro.
Cuando ella cogió la jaba se encontró la suciedad dentro, y la tiro y volvió a cantarle de nuevo.
Esta vez el pájaro cogió agua y se la tiro dentro de la jaba, que aterrizo sobre la cabeza de la mujer.
Ella volvió a cantarle por tercera vez.
Esta vez el pájaro vomita los huesos del niño y se los tiro a la Iyale, ella al ver caer huesos, ella creyó que eran tesoro, y corrió a verlos.
Cuando vio que eran los huesos del niño, ella empezó a gritar y a llorar diciendo este no es mi hijo, este es el hijo de otra mujer, que este pájaro a matado, y diciendo esto echa a correr.
Cuando llego a su casa, la madre del niño, vino hacia ella y le dijo que le diera el niño, la Iyale le dijo que el niño estaba bien pero no estaba con ella.
Muchas veces vino la madre preguntándole por su hijo, y cuando hubo de pasar 3 meses, y ella no le pudo dar el niño, ella lleva el caso antes el Rey.
Ella le dijo al Rey que la Iyale había venido a su casa, y había cogido el niño, de sus manos, y que había pasado 3 meses y todavía no se lo había entregado.
El Rey manda a buscar a la Iyale y le pregunto a ella que había hecho con el niño, donde esta?
La Iyale le respondió que tu crees que yo he hecho con él?
Cuando el Rey oyó esto se viro hacia la asamblea de los viejos y les pregunto así. Si esta mujer fuera o perteneciera a Uds., que cosa Uds. harían con ella?
Los viejos de la asamblea les contestaron al Rey así: si ella nos perteneciera a nosotros, nosotros la condenaríamos a muerte.
El Rey dijo entonces, pues ya que el pueblo ha hablado que se cumpla su mandato póngala a que muera, y así la Iyale pagó con su vida la avaricia.