AGOI, LA BELLEZA SOBRENATURAL

Apataki de Oyecun-osa


Había una muchacha que sé negaba a todos sus pretendientes, ansiosos de casarse con ella, porque ella veía que todos eran feos.
Ella era una belleza sobrenatural, no quería casarse con nadie que no igualara la belleza de su cuerpo.
Y esta muchacha, que sé llamaba Agoi, vendía buñuelos de fríjol en la casa de su padre.
Un día, cocinando sus buñuelos paso un hombre que trato de seducirla. Y el desconocido vestía rica ropa. Estaba intranquila, con las manos llenas de masa viendo al hombre.

Abandono su trabajo, y corrió feliz hacia sus padres, les notifico la noticia y les describió a ellos al hombre que acababa de ver. Entonces les insistió que salieran a ver al joven ha pasado por casa.
Dándose prisa por su muchacha, que el amor había inspirado, los padres salieron en el momento que el desconocido pasó por delante de la casa, y lo invitaron. Agoi no vaciló en lanzarse a sus brazos, y ella prodiga miles palabras de alegría: O mi esposo; mi esposo, es el bienvenido; he esperado mucho tiempo por Ud., venga aquí para confortarlo.
Los padres de Agoi, desconcertados, observaron el par jóvenes y vieron atentamente todas las acciones de su muchacha. Agoi sé dio prisa de preparar todos sus asuntos de mujer.
Entonces sé hizo un largo baño y acicalamiento y sé decoró de sus adornos más elegantes.
La dote y el mismo día sé casaron.
Ahora, era costumbre del país, que el joven no podía pasar la noche con sus padres políticos. Agoi sé separó por consiguiente de su padre y de su madre, y siguió a su esposo en la dirección de su país.
Después de largas horas de marcha, Agio le pregunto a su esposo: «¿ No vamos a estar juntos?
- Por nada del mundo, contestó.
Y siguieron su camino.
Un poco después, una voz sé hizo oír:
- Dobligodo, devuélvame mis vestiduras.
Y el marido, sin hacer caso siguió su camino y Agoi quedo asombrada.
Es necesario explicar, que Dobligodo es el nombre de un personaje fabuloso, redondo, sin cabeza, sin brazos, sin piernas, y que, no podía caminar como nosotros, rodando por la tierra hacia su meta, y a veces sé evapora en un niebla. Y Dobligodo come hombres.
Por consiguiente, el par de jóvenes siguieron su camino.
A una distancia dijeron de nuevo:
- Dobligodo, devuélvame mi cabeza.
Y el desconocido reclamo sus brazos.
Luego sus piernas.

Sin palabras dichas, y el joven empezó a devolver todo lo que le estaban pidiendo.
Y viendo que el joven bello, aquel que Agoi misma había escogido, estaba sin cabeza, sin miembros, sin nada, no era más que una pelota rodante en la tierra.
Agoi llamo a todo su valor, y decidió aborrecerlo para llegar más rápidamente al término de jornada.
Cuando el sol sé apoyó en el horizonte, les faltaba a ellos un largo sendero por caminar. En eso traspasaron un río de agua que fluía blanco, oscuro, y rojo.
Después de haber cruzado, llegaron a la cama de un lago seco, sin ningún humano, suntuoso todo, cubierto de colores en una tierra de barro colorado.
Agoi, exclamó ante de este espectáculo:
¡«Verdaderamente, Hay extrañas cosas aquí. ! Primero lo de las piernas, la cabeza, después el río de diferentes colores. Y ahora este lago extraño.'

Dobligodo, al oír estas palabras, comenzó cantar:

Agoi, wi dye vo e,
Agoi, wi dye vo e!
Agoi, koi yege!
Agoi, wi dye vo e!
Hwi we mo to de sa wewe,
sa wiwi,
sa vovo,
Hwi ve ma do o.
Agoi, koi yege!
Agoi, wi dye vo e!
Hwi we mo to hyia nu ni gbado me,
Hwi ve ma do o.
Agoi, koi yege!
Agoi, wi dye vo e!

Agoi, aquí viene su fin,
¡Agoi, aquí viene su fin!
¡Agoi, ay!
¡Agoi, aquí viene su fin!
Vio el río con rollos de agua blanca,
capricho, rojo:
Él dijo alguna vez tiene a persona.
¡Agoi, ay!
¡Agoi, aquí viene su fin!
Vio el lago que seca sus ropas al sol,
Él dijo alguna vez tiene a persona.
¡Agoi, ay!
¡Agoi, aquí viene su fin!

Y ahora él al final del tercer verso apareció un jején, que llevaba por vuelo un pote grande. Descarriada por este espectáculo, Agoi exclamó:
¡ 'Son fantásticas las cosas en este país! ¿Una pequeño jején llevando un jarro?
Y Dobligodo cantó su canción de nuevo, y terminó por este cuarto verso:
Hwi we mo je hili-hili gbe ta:
Hwi ve ma do o.
Agoi, koi yege!
Agoi, wi dye vo e!

Vio un jején pequeño llevando en su cabeza un jarro:
En él dijo alguna vez tiene a persona.
¡Agoi, ay!
¡Agoi, aquí viene su fin!

Como el crepúsculo salió, el panorama del país de Dobligodo fue descubierto ante sus ojos, y Agoi empezó a confortarse, cuando de súbito le pasó un gallo con una pipa fumando.
Agoi, en ser hábil manejando sus nervios, sé echó a reír. ¡Entonces dijo': Ah, lo que es la vida! Está bien de mi equivocación, apoyo las consecuencias de mi acto ahora. ¡Un gallo fumando una pipa! ¿Cómo un gallo podría fumar una pipa? Jamás he visto cosas así.

Y Dobligodo cantó su canción de nuevo todo entero, y terminó por este quinto verso:

Hwi we mo koklo-asu do go, do azo nu we:
Hwi ve ma do o.
Agoi, koi yege!
Agoi, wi dye vo e!

Vio un gallo fumando pipa:
En él dijo alguna vez tiene a persona.
¡Agoi, ay!
¡Agoi, aquí viene su fin!
Y, después de este último espectáculo, tenía algunas otras sorpresas. Apareció la familia del marido.
Agoi, según lo que estaba pasando alrededor de ella, Agoi entendió que no tenia escape de una muerte trágica. Cada vez que Dobligodo salía, le dejaban una tortuga con un cuerno que le hacia guardia para advertir a sus amos.
Finalmente pudo escapar de estos monstruos y de su marido.
Después de una jornada muy larga ella encuentra a un cazador (Gbe-To). Y le relató toda su historia al cazador, que la devolvió hasta su pueblo.
Toda la población de país supo de esta aventura, y, desde este tiempo, ninguna muchacha sé atreve a negar del marido que sus padres aprueban.