LOS CIENTO SESENTA ÁRBOLES ANSIOSOS DE OBTENER CONSIDERACIÓN.

Apataki de Idi-oyeku


Idi Yeku, Idi Yeku,
Idi Yeku Yeku Wolu,
Tales son los nombres de dos sacerdotes que interpretaron Ifa para los ciento sesenta árboles ansiosos de obtener la consideración en la vida. El sacrificio requerido por Odi Yeku: Dieciséis palomas y ciento sesenta y cinco centavos. Pero ningún árbol hizo el sacrificio, a excepción de Amôjo (Árbol del que son hechas las estatuas y las mascaras). Los dos sacerdotes le recomendaron hacer otro sacrificio para proteger su cuerpo contra los ojos de los envidiosos y que ofreciera: Dieciséis gallos y ciento sesenta y cinco centavos, pero no lo hizo, pues dijo que no tenia necesidad de proteger su cuerpo por el momento y el que había hecho había sido por consideración.
Al salir Amôjo, los dos sacerdotes fueron a Metalofi, a quien nada lo daña, empezó a suceder que la tierra sé seco, los niños sé murieron, las mujeres embarazadas dejaron de dar nacimiento, todo estaba de cabeza. Pero los árboles, que vivían en el bosque estaban desprevenidos de lo que estaba pasando.
Los Babalawos sé consultaron y encontraron Di-Yeku, y recomendaron a Metalofi un sacrificó a Legba: Dos chivos, dieciséis gallos, dieciséis palomas y ciento sesenta y cinco centavos. Entonces, Metalofi va a donde Ogun, y le pregunta consejo. ¿Que debería hacer? Ogun, contestó que el negocio era simple, e hizo llamar a Legba. Ogun debe ir a ver Amojo.
Ogun fue a ver Amojo. Una vez llegó a él comenzó esculpirlo, hizo unos ojos, una boca, una nariz, unas orejas, y, cuando había hecho varias máscaras, regreso con Metalofi y fijo un tiempo limite d.e siete días para la solución. Los siete días llegaron y Ogun le dijo a Metalofi que sacara sus tambores. Este lo hizo y Metalofi emplazó a hombres que vistió ricamente, y que usaran las mascaras hechas de Amojo.
Una vez vestidos, los hombres preguntaron: ¿Que vamos nosotros a bailar?
- Metalofi contestó: Van a bailar al ritmo del tambor:
Belemte Belemte motice ebo idi yeku..
Y él enmascaró a los hombres y se bailó de la mañana a la tarde. Todo estaba radiante, la muchedumbre entera bailó.

La noche vino. Legba fue a ver Ogun, y le dice: ¿Cómo? Me dijo el Babalawo que Amojo no hizo el sacrificio para su cuerpo. ¡Tanto peor por él!
Ahora, vamos a tomar todas sus máscaras y las atare en sacos y las colgará a las paredes.

Después de un año, ya las termitas habían comido los ojos y la nariz de Amôjo. Este estaba muy enfermo, y las mascaras también tenían termitas y sé destruían, por esto las mascaras hay que renovarlas cada año.
Al partir de estos eventos, en el mundo sé recuperó la felicidad, las mujeres parieron y la vida regreso por todas partes.